Mi mamá es un leopardo de moretones, tiene la piel de pergamino. Hoy me ofreció té tres veces seguidas, anoche mi hermana me contó que se estuvo probando ropa frente al espejo y revoleando cosas. Me da tristeza, diagnostico una demencia vascular. Mi mujer dice que no vale la pena que se haga estudios de sangre porque para ella las jeringas sólo van a encontrar linfa, ya que es un insecto. Mi mamá bichito escuálido, como trapo al sol.
La casa de ellas es un anticuario, todos los muebles que juntaron entre las dos sumarán mas o menos un dinosaurio. La casa de ellas está llena de jesuses en la cruz, de cosas que hacen acordar a parientes que no sé quiénes fueron ni cuándo vivieron, de olor a polvo y pucho. El nebulizador está en la mesa, la gata es lo más vital del espacio, se llama Tiffany y tiene un cascabel al cuello; si le cantás una "u" se acerca. La televisión está siempre de fondo, el silencio no se soporta, que haya todo pero que no haya silencio. El silencio muerde en algunos lugares. Él, ella y casi-ella están hablando de cosas que no me importan. No quiero tomar del mismo mate que casi-ella, no sé qué pensar de casi-ella y me da impresión su escualidez. Él parece resignado, ya se acostumbro a tener que hablar con las "locas" en la casa de allá y en la casa de acá. Nosotros dos preferiríamos estar en otro lado, pero es nuestro deber hacer presencia. Es familia, hay que estar, la sangre es más densa que el agua y toda esa sarta de lenguaje enredado en los árboles genealógicos de la humanidad -o al menos de nuestra cultura-. No quiero galletitas, ya comí, muchas gracias, el colegio bien (voy a la facultad), lo demás bien, yo muy bien, sí, un poco más rellenita, puede ser; los lentes sí, son nuevos. Che pá, yo tendría que estar en casa a las seis / ahora en unos minutos vamos / bueno, dale. Las saludo con un beso al aire en la mejilla (nunca saludo de lleno, sino dejo baba); casi-ella tiene en los ojos una aureola celeste por las cataratas o el glaucoma (la verdad no sé muy bien), y si quisiera en el abrazo podría quebrarle los huesitos, pero no lo hago porque algo la quiero, aunque no entiendo bien cómo ni cuándo pasó todo de esta manera. Me dice que está contenta de que haya venido, que me espera, aunque después nunca me llama por teléfono. Para mi cumpleaños me regaló un cactus, porque creía que los coleccionaba. Nunca en mi vida me gustaron los cactus: lo dejé en la calle, va a encontrar un mejor dueño que lo sepa apreciar. Pocas veces lo vi a él llorar, si llora es porque las cosas realmente lo exceden. A veces pienso que estamos, de a poco, dejando nuestra humanidad atada a la puerta de casa.
Yo, por mi parte, ya la perdoné. No hace falta tanto resentimiento, con su vida ya tiene bastante. Ahora la puedo mirar a los ojos, cagarme de risa con sus errores, puedo estar tranquilo. No sé cuántos años le quedarán, pero si pasa algo estamos en paz. Después de la violencia viene la tregua, el que se queda aferrado a un cadáver se muere en vida, por eso es ahora el momento de perdonar. Ya está, pasamos quince minutos, tomamos mate, hablamos de temas triviales y nos vamos. Él dice que es como un trámite, pero que necesita compañía. No se la vamos a negar.
Es una hija de puta. Nadie toca a mis hijos, que él vaya a que lo toquetee su vieja. La otra es una conchuda: recién casados y se nos acuesta en el medio de la cama matrimonial, le regala una muñeca espantosa del año del pedo a mi hija y la hace llorar, me empuja el día de mi cumpleaños, nunca se hace cargo de nada, es como una nena. Mucho tuve que aguantar ya, iba a cuidar a los chicos y la terminábamos cuidando a ella, el día que se rompió la cabeza, los espasmos con parálisis en el sillón -mala yerba nunca muere-, las idas odontológicas a Olivos y el discurso de insatisfacción perpetua. Entiendo, es horrible estar en una guardia, quién sabe si yo en algún momento empiezo a desvariar, le puede pasar a cualquiera. Me da pena, la habitación no tiene ventanas. Me da pena, se va a ir sin acordarse de que la cuidamos, a pesar de todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario