Ya son incontables las cosas que Margarita hizo por ceder. Le dolió el alma cuando la encasillaron en el rol de sumisa, las palabras marcadas a fuego "es que vos sos sumisa, por eso": tan simple como una causalidad y tan inexplicable como cualquier oración dicha por otro ser humano. Así es como yo digo que las palabras te pueden arruinar la vida -cuento con el respaldo de teóricos célebres-. Margarita dice que no importa, que está todo bien si no la acompañás ese día a ver una banda de folk-rock cuando arreglaron con una semana de anticipación, que no importa si hay que resignar la oportunidad del sábado por otras felicidades grupales; es más, se asusta si recibe más de lo que da. Dice "qué boluda" cuando se equivoca, va a lugares que no quiere y la pasa mal, recuerda cuando le dijeron sumisa y le quedó el vicio para siempre -en realidad parece que ya lo tenía pero sin catalogar, lo cual equivale a nada-. Así es como Margarita ejerce su cobardía, como Margarita teme a la sombra cuando es monstruo, terrible monstruo. Diariamente, una resignación, como dosis médicas; diariamente, contracturas en los hombros; diariamente, maquinaciones sobre lo resignado. Y no se hereda, se adquiere, y ese acné no es porque sí. Margarita no se acuerda de su infancia, debe ser por eso, no hace esfuerzo, nunca es suficiente el esfuerzo, los trabajos prácticos con diez -si existiese, con once-, las noches durmiendo menos por practicar arpegios y preocuparse por lo irrealizado, que la biblioteca, que el trabajo, que el teatro, que el arte, que el estudio, que la profesión, que la producción constante, que ellos, que ella, que el mal, que el bien. Prefiere que la pisen antes que pisar porque no es monstruo, una señorita tan decente qué va a ser monstruo, si es más buena que el pan y que Lassie atado juntos, y si es monstruo se quiere esconder en las grutas más lejanas de la humanidad posibles y que no vean su dolor, porque no quiere hacer escándalo, y que no vean su dolor porque la gente que llora es más fea, aunque más sincera, y que no vean su dolor porque está lleno de moco y el moco aleja a la gente pero el pan tampoco llena panzas, sólo hincha. Entonces, hay que ser como un bife, piensa. Carnal, chorreante, sin pretensiones de ser otra cosa -como el pan que pretende ser pizza, sánguche o fideo-, crudo, sincero y nutricio. ¿Pero cómo se pasa de pan a bife? Nunca le explicaron y se le escapan las migas como para integrarse en otra cosa. Es que según este mundo uno nace y muere perro, pan o humano hasta que la naturaleza lo coma, lo agarren todas las bacterias del ecosistema y lo transformen en tierra para vaya a saber qué pasa. Lo cual le recuerda a que una vez ellos le dijeron que bajo ninguna circunstancia querrían ser pasto para que no los pisaran. Lo cual le recuerda a que tiene que hacer un trabajo práctico y leer cincuenta páginas de gente muerta. Retomando, uno no se convierte en otra cosa hasta la muerte -qué delicia el hipotetizarse en "uno"-, y ahí sí, te tenés que bancar que te chupe la tierra un buen tiempo, que te coman los brazos, que te desintegren las vísceras, te tenés que bancar ser bocado de microorganismos que nunca estudiaron a Lacan -o sea, algo inferior para la comunidad académica-. "Por cagona sos fea", piensa; de ahí la soledad, de ahí todos los males: por cagona. Sin embargo, esta sentencia no soluciona nada, encasilla siempre más: maldición para los amantes de las etiquetas y el orden compulsivo, o bendición escapatoria, según Freud.
Mañana es lunes, Margarita tiene la agenda full time y no quiere ver gente. No quiere hablar con nadie porque está sucia, tiene feo olor, tiene ojeras, se baña pero tiene feo olor. Empieza a autoanalizarse y se hace una espiral gigante, que concluye en dejar de pensar. Le dicen que piense menos, pero no sabe cómo solucionar las cosas sin pensar, culpa de años de positivismo -vos tan estructurada, yo tan desordenado-; le dicen que ya le va a encontrar el gusto a las cosas, que haga lo que realmente quiera, que no piense en los otros. Y así es como justamente se piensa en los otros pensando en ella: "¿qué es lo que me dicen los otros que me gusta, qué es lo que tengo que responder en un parcial para aprobar, qué es lo que perciben que disfruto, en qué soy buena?"El deseo está tan coercionado por los siglos de los siglos, amén -diecinueve años de instituciones y uno se queda medio clueco, disculpen-
Y es que Margarita tenía una mejor amiga que vomitaba cuando no podía hablar y pedía perdón cada vez que podía, que la odiaba por sus logros y decía "¿por qué yo no?" en vez de "qué bueno que vos sí" -no digo que sea siempre de fácil ser genuino en este tipo de expresiones-; y tenía un novio celoso en extremo que no le regalaba nada para el cumpleaños y se quedaba dormido por exceso de confianza; y tenía unos padres que querían que estudiara una carrera 'formal', que fuera femenina, que saliera lo menos posible y si era posible por los barrios del norte cercano, que estuviera con un muchacho decente, que volviera siempre acompañada, que no anduviera en bici por el asfalto, que no se contaminara en la polución urbana; y tenía unos abuelos con impronta de segunda guerra mundial, diez generaciones de aguantar, de casamientos arreglados, de miseria material, de atragantar emociones. Es que la clase media alta con su divina moral se ahoga y uno internaliza a sus persecutores entonces decide en todo momento como si fuese un gran anfiteatro de la acción, después uno se da cuenta lo difícil que es criar vidas y escucha Todas las hojas son del viento y se conmueve todo, después uno se olvida y casi vive como si nada. Después uno siente que es incapaz y Margarita piensa que hay otra gente que está peor, más jodida, pero qué se yo si es más jodido comer poco que no tener confianza en uno mismo -mentira, piensa, disculpen, soy un monstruo por pensar así, obviamente es peor lo otro-.
Es que Margarita tenía una maestra de quinto grado que le dio su primer beso por una equivocación -el rouge rojo inolvidable-, es que en catequesis le dijeron que no tenía maldad -o al menos eso recuerda él-, es que tomar alcohol le parecía una actitud inmoral, estúpida y trasgresora y temía a los borrachos como a las cucarachas, es que había leido a Verne en el glaciar Perito Moreno cuando sus compañeros miraban Showmatch, es que se quedaba comiendo Froot Loops hasta las doce de la noche que era cuando anochechía en Ushuahia, es que la tildaron de gorda por tener una botella de agua de Mc Donalds, es que ella quería usar el saquito violeta todo agujereado y casi se lo tiran a la basura, es que poca gente sabe que ella escucha el nombre de las notas cuando suenan, es que hace años su otra abuela se fue a vivir a Olivos y no sabe qué pensar pero le repugna lo mal que envejeció y el mal que hizo, es que no entiende nada de política y no quiere andar regurgitando opiniones, es que ya no tiene ganas de hacer nada para su cumpleaños, es que hace mucho no besa a alguien con amor, es que hace mucho posterga inmaterialidades.
Así uno empolla su propia desgracia y termina como en "Bajo las ruedas" de Herman Hesse: absorbido por los deseos de otros. Sin embargo, ¿de dónde sale el deseo propio si no es más que una digestión de todo lo socialmente esperado? Cuánta responsabilidad pusieron en nuestras espaldas las ciencias y el existencialismo, somos una generación con escoliosis. Ahora habrá que hacer caso y "tirar las quinientas generaciones a la basura" -o algo así-, pero yo quiero ser Bill Gates, no los japoneses o chinos -disculpen- que reciclan la basura tecnológica acumulada en los basurales por el exceso de población; pero para ser Bill Gates se necesita de esa gente, y para ser esa gente hizo falta un Bill Gates. Qué crueldad los roles, ¿no?
domingo, 29 de marzo de 2015
viernes, 20 de marzo de 2015
Once am
No te voy a dar mi pelo porque es lo único que me queda de mí, menos con esa cara de loco. "No, no es lo único, tratame bien". Tengo este manojo de miedos y ni a vos te lo puedo desenredar. Anoche él estaba en cualquiera y yo tan indefensa; anoche volverme de plaza flores en el sesenta y cinco -que ni siquiera pasa por ahí- a las nueve y treintaycinco de la noche para llegar a casa a las diez, callejones boca de lobo, no había chance. No sé si volví, tal vez es porque sigo allá que sigo así de afectada. Esta música tampoco ayuda, el mediodía nublado tampoco ayuda. Sueño mucho con colectivos, no sé qué onda.
Pulsear contra la angustia: ensayar, ir al cine a la tarde, ver amigos. Llega la noche, el frío, el abandono, el rosal que absorbió tu llanto anoche -ese rosal-. Pulsear contra la angustia II: música, teatro, música, parque. La tarde, el frío y el silencio hasta en las manos. Pulsear contra la angustia III: incertidumbre, salida familiar, espectáculo, fiesta. De tu pena sudamericana. Pulsear contra la angustia IV: feriado pre facultad sin definir pero que pronto se metamorfoseará. Sudamericana.
Pulsear contra la angustia: ensayar, ir al cine a la tarde, ver amigos. Llega la noche, el frío, el abandono, el rosal que absorbió tu llanto anoche -ese rosal-. Pulsear contra la angustia II: música, teatro, música, parque. La tarde, el frío y el silencio hasta en las manos. Pulsear contra la angustia III: incertidumbre, salida familiar, espectáculo, fiesta. De tu pena sudamericana. Pulsear contra la angustia IV: feriado pre facultad sin definir pero que pronto se metamorfoseará. Sudamericana.
jueves, 19 de marzo de 2015
Presencias
Si al final nunca estás cuando acontezco
es mejor que no estés
más
cerca mío
porque
ahí es cuando de verdad existo
existe
mi verdadero calor
ahí es cuando de verdad existo
el resto del tiempo
-cuando no lato-
no importa
-tanto-
entonces no me conocés
y yo soy de esas personas
-como dije hace cinco días en un mail que no me contestaron-
que necesitan explicarse
que si no dicen quienes son quedan inconclusas
que no tiran su fragilidad por los containers
que necesitan hablar de magia cada tanto
Entonces
si no estás cuando acontezco
prefiero que no estés
nunca
es mejor que no estés
más
cerca mío
porque
ahí es cuando de verdad existo
existe
mi verdadero calor
ahí es cuando de verdad existo
el resto del tiempo
-cuando no lato-
no importa
-tanto-
entonces no me conocés
y yo soy de esas personas
-como dije hace cinco días en un mail que no me contestaron-
que necesitan explicarse
que si no dicen quienes son quedan inconclusas
que no tiran su fragilidad por los containers
que necesitan hablar de magia cada tanto
Entonces
si no estás cuando acontezco
prefiero que no estés
nunca
jueves, 12 de marzo de 2015
Andanzas
Te di mi beso más triste y confundido, te confesé casi enteras mi torpeza y mi angustia. No sé si lo merecías. Te di mi mano chiquita unas tres veces, me arrancaste un labio y medio. Quisiste acariciar mi cintura y nunca entendí si te dejé o no, pero apenas lo hiciste sentí como un escalofrío de escarcha al sol. No decidí nada: ni quería irme ni quería estar. Tedijequenomegustababailarqueestabaincómodamedijistequemesoltaramearrinconaste, tepreguntésimepodíasentendermesentíamuycarneyesoqueeslomasnormaldelmundo: alcuartonoyaséquenotienenadademaloperonoquieromedaimpresiónyonosoyasíentendés, ademásporquéyosisenotaakilómetrosquetengomilkilosdevergüenzaencimaynuncahicecosasasíporqueademástengounpasadomoralistayamorosodeamarynopoderestarconquiennotengoalgúntipodeconexiónespiritualtodossebesanyselamenyyoacátancontracturadaporunasituaciónquepodríaserlomásnormaldelmundoperonomesalefluirenestascosasporqueyoquieroamaryquemeamenymesientounapresadejaguarynomegustanadanadanadaestartandesamparada
No quise ser más torpe. Me quise escapar, gracias a B por acompañarme a casa, pero se olvidaron las llaves, y me quedé trabada ahí un rato más.
Al fin nos tomamos el segundo taxi -en ese entonces no tenía más esquemas de acción-, yo pagué con incomodidad. Nunca pude decirlo todo entero, nunca conté bien del día en el que me transformé en una chica venado y no quise serlo nunca más.
No quise ser más torpe. Me quise escapar, gracias a B por acompañarme a casa, pero se olvidaron las llaves, y me quedé trabada ahí un rato más.
Al fin nos tomamos el segundo taxi -en ese entonces no tenía más esquemas de acción-, yo pagué con incomodidad. Nunca pude decirlo todo entero, nunca conté bien del día en el que me transformé en una chica venado y no quise serlo nunca más.
Fluye
Furiosa vena
marcada en la sien
como la musculatura del caballo
se abulta en piel
se mueve
al correr
al galope
de gliptodonte
de nado de ballena
franca austral
y otras obsesiones de la infancia
como la primer conexión
con Macey
gata ojos aceituna
las pupilas dilatadísimas
que al final no me mordió
y no maúlla nunca más
como los bichos del mar
invasivos
rozándome la piel
viscosos
húmedos
resbalosos
como las piedras en Córdoba
escurridizos
como los perros de Yacanto
en los que confié
como una estrella
brújula
guía
pero me llevaron más lejos
de lo que ya estaba
y apareció un señor
que me dio la mano:
en dos pasos
estaba en casa
temporalmente
porque las casas
dejan de serlo
una vez que uno se va
en cuerpo
alma
espíritu
o amor
las casas dejan de serlo
cuando uno se va
y se transforman
en cosas
uno se da cuenta
así
que una letra es un abismo
por eso
el abecedario
me da vértigo
marcada en la sien
como la musculatura del caballo
se abulta en piel
se mueve
al correr
al galope
de gliptodonte
de nado de ballena
franca austral
y otras obsesiones de la infancia
como la primer conexión
con Macey
gata ojos aceituna
las pupilas dilatadísimas
que al final no me mordió
y no maúlla nunca más
como los bichos del mar
invasivos
rozándome la piel
viscosos
húmedos
resbalosos
como las piedras en Córdoba
escurridizos
como los perros de Yacanto
en los que confié
como una estrella
brújula
guía
pero me llevaron más lejos
de lo que ya estaba
y apareció un señor
que me dio la mano:
en dos pasos
estaba en casa
temporalmente
porque las casas
dejan de serlo
una vez que uno se va
en cuerpo
alma
espíritu
o amor
las casas dejan de serlo
cuando uno se va
y se transforman
en cosas
uno se da cuenta
así
que una letra es un abismo
por eso
el abecedario
me da vértigo
Neumática
Tres galaxias
y vos no estás ahí
te aúllo pero
no soy loba
ni viento
todavía:
entonces sólo cabe esperar
(el auto parado
en Corrientes y Serrano
y un señor tan bueno
que hasta le sonríe el bigote)
Cero caricias,
vos no estás acá
te rezo
pero vos no sos dios
ni nebulosa
todavía
(el auto parado
en Corrientes y Serrano
y hombre que vende medias
me dice hermosa)
Dos días
no sé dónde estas
me olvido
pero yo no soy amnésica
ni princésica
todavía
(el auto parado
en Corrientes y Serrano
llega el auxilio mecánico
del automóvil club)
y vos no estás ahí
te aúllo pero
no soy loba
ni viento
todavía:
entonces sólo cabe esperar
(el auto parado
en Corrientes y Serrano
y un señor tan bueno
que hasta le sonríe el bigote)
Cero caricias,
vos no estás acá
te rezo
pero vos no sos dios
ni nebulosa
todavía
(el auto parado
en Corrientes y Serrano
y hombre que vende medias
me dice hermosa)
Dos días
no sé dónde estas
me olvido
pero yo no soy amnésica
ni princésica
todavía
(el auto parado
en Corrientes y Serrano
llega el auxilio mecánico
del automóvil club)
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