jueves, 29 de enero de 2015

Corrosivo (corrección II)

Intactas tus ganas
de digerir
lo que te corroe

Decididas,
las yemas suaves de tu amor

Acarician,
con cariño tu ternura

Duerme abrazado,
un perfume a tu colchón

Se hamacan
las alegrías en tu balcón

Corrosivo (corrección)

Férreas tus ganas
de dinamitar
lo que te corroe

Hostiles,
las manos gélidas de tu supuesto amor

Destrozan,
con palabras tu armadura

Insomne,
un zumbido en tu emoción

Gimotea,
un gatito en tu balcón

martes, 27 de enero de 2015

Capiuf

Amor, no me depredes, por favor. Que se me desatan los días, y es hora de arrancar las costras y salir a sangrar. Te voy a invitar, no me rechaces. Espero aceptes lo que quedó de las lavandas. Las mujeres no somos flores pero podemos marchitarnos, ni somos objetos pero nos rompemos. No me voy a romper en mil pedazos por un "no". Y sos tan lindo que te abrazaría tan fuerte que toserías por la opresión que eso te provocaría en el pecho, pero mantengamos la calma, paso a paso. Nada más, cuando tenga noticias tuyas, voy a decirte "Quiero verte", así de contundente, sencillo y compacto. Hay un noventa por ciento de probabilidades de que tiemble un poco: algún día tendré Parkinson y tendré que acostumbrarme a ello, será sólo un pequeño ensayo, nada grave. Quizás, ni siquiera seas mi amor.

Flacuras

Con un gato durmiendo en el pecho me gustaría escribir este texto. En donde pienso que podríamos tranquilamente haber nacido zarigüeyas, tan sólo por el placer de pronunciar la palabra que huele a pelos escurridizos y ojos desorbitados.
Verte antes de que sea demasiado tarde, la avidez de conocer a alguien que te noquee el corazón. La profunda conmoción de sentir tu cuerpo devorado al fin por mí, nunca mejor dicho por voces ancestrales. Sólo abrázame inocentemente así, qué descalza va la luna junto a ti, de la boa al lemur, me quedo muda. Muda como la piel de la serpiente, que se va para no volver, y en eso consiste toda mudanza. O al menos, un simulacro de eso.
Husmeamos en todas las cuevas para encontrar una sin moho, por más que sepamos que no existe ninguna. Escuchamos la discografía entera de los Beatles para consumir la noche a pitadas y hacer una coreografía de adolescencia idealista. Coleccionamos mascotas para que nos extrañen y nos salten encima cuando volvamos a casa. Componemos canciones para crearnos un ejército de melodías que nos rescaten de las situaciones peliagudas. Amamos para estar más cerca de nosotros.

martes, 13 de enero de 2015

Peripecias

La mano se podría quedar descansando en el ombligo para siempre, y no me importaría. Porque es cómodo, y porque cuesta moverse así. La música podría seguir sonando para siempre. Porque me acostumbré, y porque ahora da igual todo. Me quedaría toda la noche hamacándome pero una persona decente debe volver a su hogar temprano. Y es así, si uno quiere ser decente, a algunas cosas se tiene que atener. Al menos así no hace falta tomar lecciones de protocolo para disimular la barbarie que uno lleva dentro.
Qué hartazgo me da esta tendencia a la idiotez.

lunes, 12 de enero de 2015

Por qué ahora

Por qué apretar los ojos y arrugar las manos, por qué el pantano relincha en el pecho que se escurre.
Por qué las mejillas tan suaves y nadie las acaricia, por qué el hocico tan lleno de lagañas, por qué no al regocijo.
"No, la infelicidad es otra cosa; la infelicidad es no tener el valor"
Ni diez siameses van a romper el mundo, ni vos con tu maullido celofán y tus pestañas castañas de criatura intrauterina, de tan amaestrados que están. Y si te tintinea el alma es por la devaluación, porque los billetes de ayer hoy valen monedas. No te asustes, es normal, a todos nos pasa cada cien inviernos -mascullé-. Ahora sólo quedan procedimientos higiénicos y extirpar el estómago famélico que no deja de mugir por vivir en país ganadero.
Un engendro en el lecho, y la noche ya llegó aunque no sepa tu dirección porque tiene alas de murciélago para empujar las sombras. Vos estás en camisón comiendo piedras -tres veces al día, por indicaciones del doctor- y empezás a chapotear en la negrura. No da, así no se puede digerir un carajo, siempre lo mismo acá. Entonces empezás a cabalgar los muebles -no sin un poco de vértigo-, empapado hasta el pescuezo, y ves al bicho-noche pegoteado contra la cortina sonriendo maliciosamente -divirtiéndose, el miserable-. Sacás el rifle y pum, hoy ya no te va a zumbar más. Lástima el manchón en la pared.
Hasta mañana.

Nauseabunda vagabunda

Te fallé, Luis. Como habrás notado no fui al lago hoy, ni creo que vaya mañana. Al menos no a verte.
De todas formas, compañía no te va a faltar, menos siendo tan raramente simpático. También está Toby, aunque nunca entendí si era Toby de verdad o sólo perrito azabache del Lácar. Y sí, es así como hace dos días no me animo a cruzar la plaza. 
No sé si quiero verte de nuevo, estás más enfermo que yo. Creo que lo que pasa es que no quiero que seas un simulacro de Berthe Trépat o de Héctor o de Artaud, o como quieras llamarlo. Sólo quiero que seas Luis sin más preámbulos ni etiquetas. Es difícil no encasillar, no me juzgues, son los gajes del oficio: entendé que se me murió el tamagotchi a los once años y tengo un gato comunista -según mi abuelo-. Lo que pasa es que el afecto siempre se mezcla con la mierda, por más coladores que hayamos coleccionado. Te regalo la última garrapiñada del parque, espero la aceptes, ya que no nos salió el suicidio, ni a vos, ni a mí, ni a mi hermano -por suerte y por desgracia-. 
Gracias por acompañarme hasta la esquina y decirme que tengo cara de buena.


Un semiabrazo
Marina

jueves, 8 de enero de 2015

Godzillario

Ahora tengo el cerebro chorreándome como un moco por el cráneo, de tanto pensar, de tanto revolver sobre los mismos temas ya sin saber qué decir pero con impotencia. "Estamos para el teatro" y otras frases célebres de la noche. Qué escándalo la convivencia.
No quiero estar más enferma de miedo, de represión, no sé cómo salir de acá. Me da miedo.

De uróboros

No puedo evitar odiarlos, ahora que están tan cerca, no puedo.Y es eso, es odio: no pienso seguir atenuando las palabras por chocantes que suenen. Es odio por esa moral 'solucionadora', odio por la incapacidad de disfrute, odio por la pasividad frente a la creación posible, odio por la banalidad, odio por los colgajos rencorosos, odio por la intolerancia, odio por el odio que profesan. No puedo evitar escribir sobre esto, una y otra vez. Va más allá de toda superación posible y de mil sesiones de terapia. ¿Cómo quieren que les hable con tanto vómito en la garganta?. Sé que pronto va a pasar.
Lo que sí: Fósil nunca, no a la repetición.

martes, 6 de enero de 2015

Comensales del arte (y otras aberraciones)

Y ej así, vo les nombrá un par de autores, un Jerman Jés, un Toltói y ya se alborotan. Después le rematá en música con Los Bitul, el Flaco, y si da le decí que tocás la viola y puffff, ya tá. E' importante ser tipo culto, suma punto, y si te guta escribir o atuar, e' como un pasaje direto al telo. ¿Nosierto?

lunes, 5 de enero de 2015

Otro texto porteño

Si la soledad te pincha a vos también esta noche, bienvenido seas, quien seas. La miel no es amiga de la noche ni de los ascéticos. Me cago de frío acá afuera. Si me oís, vos, tocame la puerta. Cierto, que no sabés donde vivo. Pero tenés mi número, que es más o menos lo mismo (qué pobre reducirse a unos diez dígitos en una pantalla de cristal líquido), ¿no?.
Qué se yo, en una de esas...
(Ya no tengo más liendres, podés volver)

Del pecho abierto

Supongo que la herida, como la llaman, va a estar siempre ahí. Acechando los infortunios para aparecer e hincharse hasta que se llenen de sangre las córneas, y no poder ver con claridad. Subrepticiamente.
Duele que digas que el arte es simpático, escuece que importe más lo que falta que lo que hay, desgarra que te enojes porque se desbordó el baño mientras alguno de nosotros sonríe. No te voy a contagiar los piojos, no sé quién sacó el pan de la heladera, pero qué importa. No sé por qué se te rayaron los lentes y no ves un carajo, no me preguntes por qué. Para qué secar los platos con desgano si se pueden escurrir solos. Señalarme el grano en la cara. Si no tenés lugar para sentarte ya me voy, si querés camino más lento, pero pedímelo. Que ella vomitara cuando vos llegabas tarde no es mi culpa. No sé por qué tu vida tiene que ser tan triste, pero qué importa. 
No me marchiten.