viernes, 20 de junio de 2014

Lo importante no es que sea verdad, sino que transforme

Bernarda

Porque ahora con cada fibra de mi ser te odio y me clavo las uñas en el brazo para no gritar. No te soporto en estos días, enturbiás el agua más cristalina y tirás un dardo al globo que recién salió a volar. Te odio, te odio cuando se te incrusta la violencia hasta los huesos y agarrás el tenedor de esa forma, tan lenta, tan hostil, tan filosa, haciendo el tiempo de chicle hasta que se haga finito como un hilo y reviente; te odio por las palabras que usás, todas como tirando cuchillos a una foto vieja; te odio porque te volvés inasequible y no podés perdonar, y no podés tolerar, te odio porque no se te puede decir la verdad y es lo que vos reclamás. Te odio por ser tan injustamente justa; te odio por déspota,  por infante; por haber roto hace tiempo algo en el fondo de mí, por haberme marcado a fuego en donde hoy soy carne viva, y seré.
Te odio por contradictoria, te odio por irracional y fóbica, te odio por insatisfecha, porque nada es suficiente y porque escupís nuestras montañas de naipes, te odio por quemar una guitarra, te odio por tirar vino en la pared blanca y pintar encima, te odio por desgarrarme. Te odio por odiarme, te odio por odiarte.