Llega a casa en taxi a las doce del mediodía
Me dijo que acá era clandestino salir un viernes hasta las dos de la mañana
Le dije que nuestros criterios de normalidad estaban seriamente afectados
Me dijo que se despertaba todos los días a las seis de la mañana
Le dije que ni siquiera hacía falta que se despierte para recibirme, y que si lo quería hacer eran sólo cinco minutos
Me dijo que no mintiera más, que dijera que era algo muy importante para mí y que me volviera a las doce en taxi
Le dije que iba a ser preocupante al pedo
Me dijo que enrosco mucho todo y que quiero que todo sea como yo quiero
Le dije que puede ser, repetí que de todas formas nuestros criterios de normalidad estaban seriamente afectados y me comparé con otros especímenes de mi edad
Me dijo que todos los padres tienen algo malo y que rebelarse es al pedo
Le dije que lo siento, que soy la oveja negra y nací para ser revolucionaria y llevarle la contra a todo lo que se pare sobre dos patas. Le grité
Me dijo que era agresiva y que lo había hecho mierda y que cómo era eso de que no me daba pelota cuando estábamos los dos juntos
Le dije que él estaba en otra y que no se acordaba de cómo era él a su edad
Me dijo que no le gusta ir al teatro, que no sale de noche, que no toma ni un vaso de cerveza, que le hace mal
Le dije que era un poco extremo
Me dijo que yo también era un poco extrema
Le dije que ya sabía
Me dijo que siempre me quiero quedar con la última palabra
Le dije que sí, volví a cuestionar nuestros criterios de normalidad, no encuentro el gorro de natación
Me dijo que no era todo tan dramático
Le dije que no tenía sentido que siguiéramos discutiendo el mismo tema
Me dijo que estaba muy dañado, que en la cena lo íbamos a hablar, que es mayor que yo, que no le puedo gritar
Le dije que a pesar de todo es un par
Me dijo que es un par pero que tiene más años y no le puedo gritar, que soy violenta y le grito a quien me conviene
Le dije que él tampoco le anda gritando a todo el mundo
Me dijo que saliera de mi zona de confort, que estudiara menos y me preocupara más por dejar de pelearme y armar conflictos al pedo
Le dije que las cosas no eran así, nuevamente cuestionando los criterios de normalidad
Me dijo que nunca más le volviera a contar mis problemas sobre estos temas
Le dije que me quería ir a nadar para dejar de gritarle, el perro ladra y me tiene podrida, es un desgaste emocional tremendo, dejame con la certeza de que no vas a decir nada
Me dijo que iba a ver pero que no le grite más, que la próxima que gritara se pudría todo
Le dije que me daba mucha bronca no poder confiar ni en él, que si quería le mentía, que una mentira más no me costaba nada
Me dijo que le tenía que pedir perdón, que igual no alcanzaba con eso y que en la cena íbamos a hablar
Le dije que perdón, que ahora me iba a ir y que el viernes no iba a volver a casa y me iba a dormir a otro lado
Me dijo que no se quiere hacer cargo de cosas mías, que estaba hecho mierda por los gritos, que él a mi edad era diferente
Le dije que él a mi edad estaba solo, que yo lo tenía a él (o tal vez ya no)
Me dijo que tengo más autonomía de la que creo, que no me metiera más en quilombos y aceptara un poco más las cosas en vez de irme a los extremos y que me acordara de las charlas que tuvimos en donde él me ayudó
Le dije que no se trataba de eso
Me dijo que dejara de ser tan simbolista y que dejara de gritar
Le dije que me iba a nadar
miércoles, 14 de octubre de 2015
jueves, 1 de octubre de 2015
Diarios para Marga IV
Los mejores besos que me diste, Marga, fueron en secreto. Te daba vergüenza chocar bocas en público, mientras besabas solo podías pensar en lo raro que era el hecho de estar haciéndolo: la coreografía labial, la otredad, convertirse en hueco, la esquina iluminada. Después, un abrazo prolongado en el que hundías tu cara en mi pecho, con respiración de marea, olor a shampoo de manzanilla -por tus intentos de rubia-, y yo sé que pensabas en todo esto. Pensabas en escenas, vivías en eterna película. Pero nadie nos estaba filmando, no eramos tan importantes ni tan carentes de acné como los protagonistas de esas producciones. "¿Beso en la primera cita es muy rápido?", dijiste, "es que soy torpe, yo no sé cómo se hacen estas cosas, es raro". Yo no sé qué contestarte, para mí es lo mas normal del mundo, me río. Y vos con la carita pecosa fruncida yéndote a tu casa después. Sé que no te gusto que te saludara en la esquina, hubieras preferido en el pasaje más a la sombra. Marga te asusta la luz porque te sentís mosca, pero acá no hay trampa. De todas formas, a mi también me resulta raro el exhibicionismo.
Te gustaba abrazarme con los ojos cerrados, como separando realidades. Te gustaba abrazarme sin hablarme, te gustaba hacerme una transfusión muda de amor. Me gustaba abrazarte como sosteniéndote, me gustaba mirarte cuando se te caía el pelo en la cara por rozar mi mejilla, en tu amor veía tristeza, en tu amor veía la melancolía del otoño: vos abrías los ojos y era como si de repente te hubieses deshojado por dentro. Creo que eras caducifolia, salvo por tu curiosidad perenne (Margárbol, vomito melosidad).
Marga, boca arriba te pienso y pienso que te entiendo más en los abrazos que cuando hablamos de conspiraciones o te justificás con que no sabés cómo hacer las cosas y empezás a autonombrarte exagerada. Marga sos hermosa, Marga le voy a contar a mis amigos de vos. Vamos a ir al parque a cantar y a tocar la guitarra, a recostarnos en el pasto y en nosotros mismos, a respirar del mismo oxígeno, a comer galletitas de ocho pesos y tomar Sprite por negociación. Vamos a palpitar la primavera, a llenarnos de nombres y a dar la vuelta al barrio.
Te gustaba abrazarme con los ojos cerrados, como separando realidades. Te gustaba abrazarme sin hablarme, te gustaba hacerme una transfusión muda de amor. Me gustaba abrazarte como sosteniéndote, me gustaba mirarte cuando se te caía el pelo en la cara por rozar mi mejilla, en tu amor veía tristeza, en tu amor veía la melancolía del otoño: vos abrías los ojos y era como si de repente te hubieses deshojado por dentro. Creo que eras caducifolia, salvo por tu curiosidad perenne (Margárbol, vomito melosidad).
Marga, boca arriba te pienso y pienso que te entiendo más en los abrazos que cuando hablamos de conspiraciones o te justificás con que no sabés cómo hacer las cosas y empezás a autonombrarte exagerada. Marga sos hermosa, Marga le voy a contar a mis amigos de vos. Vamos a ir al parque a cantar y a tocar la guitarra, a recostarnos en el pasto y en nosotros mismos, a respirar del mismo oxígeno, a comer galletitas de ocho pesos y tomar Sprite por negociación. Vamos a palpitar la primavera, a llenarnos de nombres y a dar la vuelta al barrio.
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